sábado, 12 de octubre de 2013

Presentación de Ojos llenos de sombra

He aquí el texto que leímos Dalina, Susana y yo a la hora de presentar el libro Ojos llenos de sombra de Raquel Castro (las citas del libro están en itálicas):


Presentación de Ojos llenos de sombra
MANU
Te subes al escenario. El público espera impaciente. El olor a cigarro y humo llena todo el local. La falta de iluminación hace que sufras horrores para ecualizar tu amplificador. Te das cuenta de que olvidaste cambiarle las pilas a uno de tus pedales y maldices en silencio. Lo único que pides es que los nervios no te ganen cuando tienes que tocar tu solo. Ojalá todo salga bien. Ojalá no se note que te tiemblan las piernas. Ojalá pudieras atrapar ese momento para revivirlo cuando fuera necesario. De repente, escuchas que alguien cuenta un-dos-tres-cuatro y tu banda empieza a tocar. Todo comienza a tomar forma. Te relajas. Lo disfrutas. Piensas que, después de todo, tal vez sí naciste para la música.

Si estás en el evento más importante del año y lo único que quieres es encerrarte en el baño a llorar, tienes problemas. Sobre todo si de fondo se escucha “So alive” de Love and Rockets, y en vez de ponerte a bailar tienes ganas de correr tan lejos como sea posible. Peor aún si fuiste algo parecido a la estrella de la noche. Si, en vez de ir por la pista de baile presumiendo que eres la tecladista de una de las mejores bandas de dark de toda la ciudad, estás pensando en cómo y dónde esconderte, tus problemas son realmente serios. Obviamente, esa persona llorona e inestable que está en serios problemas soy yo. Porque en vez de sentirme así tendría que estar brincando de gusto: hace apenas un rato mi banda abrió el concierto para cerca de dos mil personas, y no sólo no nos abuchearon, sino que nos pidieron más. Y además le estábamos abriendo a London After Midnight. ¡Acabamos de abrirle a London! (9).

DALINA
El universo juvenil está plagado de incertidumbre. De dudas. Y los grandes creen que ser joven es fácil. Cómo puede ser fácil si el camino para crecer está lleno de disyuntivas. De afectos que se atraviesan no dejando pensar a la razón. Lo único seguro es que, cuando somos jóvenes, uno no se halla en el mundo. Y dan ganas de salir corriendo, pero también dan ganas de quedarse. Y cuando todas esas emociones encontradas parecen definir que la vida no tiene sentido, además, podría ser que estés rodeado de familia y amigos tan peculiares como tú. Esta perspectiva es por la que nos conduce Raquel Castro en la historia de Ojos llenos de sombra, a través de las emociones de Atari, la protagonista. Toca en una banda, va a la preparatoria, tiene a Bere, su mejor amiga, y a su grupo. Una chica como cualquiera…

La escena oscura fue mi hábitat desde que me acuerdo. Mis hermanos descubrieron el movimiento gótico cuando entraron a la prepa, y como yo pasaba más tiempo con ellos que con mis papás, obvio que todo se me pegó (27)… Además de manejar la banda, mis hermanos organizaban fiestas en casas abandonadas: cobraban muy barato pero llegaba mucha gente. Eran famosos por la cantidad de discos y la buena calidad de su aparato de sonido.

Y a todos esos lados iba yo, como si fuera su muñequita: con mi ropita de terciopelo, mis medias a rayas y mi carriola cubierta con tul negro que tanto les gustaba a las koopas de entonces. Mi mamá llegaba de sus reuniones ya noche, cuando mis hermanos ya me habían quitado el disfraz de Merlina Adams y yo dormía plácidamente en mi cuna. Ella no sabía que yo era la mascota de mis hermanos: que para no dejarme sola, los gemelos me llevaban a todas las tocadas, conciertos y fiestas. No se daba cuenta de que mis canciones de cuna eran de los Cranes o de que mi primera pesadilla se la debí al video de “Lullaby”, de The cure. Mi mamá siempre ha sido una experta en voltear para otro lado cuando intuye que lo que va a ver no le va a gustar.

Pero eso no significa que yo fuera una especie de temprana Drew Barrymore gótica ni nada por el estilo. Mis hermanos, sobre todo Luis, me cuidaban bastante bien (…) supongo que podemos decir que no salí tan mal. Y si algo no es lo “correcto”, pues que la nación se lo demande a mi madre ausente y a mi padre loco (29).

MANU
Sabes que tener una banda es muy similar a mantener una especie de noviazgo como con cinco personas al mismo tiempo. Si prometes algo, debes cumplirlo. No se vale dejarlos en segundo plano. Es una cosa de compromiso, no de a ratos o para cuando estés aburrido. No está bien guardarse secretos que afecten la misma base sobre la que está fundada la relación. Imagina entonces cómo debe sentirse Atari cuando no sabe cómo abordar un tema con sus compañeros de grupo. Claro, no es un asunto cualquiera, es la duda sobre si aceptar una beca en el extranjero o quedarse cerca de sus amigos. ¿Y tú qué escogerías? Vamos, no me respondas rápido. Piénsalo. No es tan fácil, ¿verdad? Imagina ahora que no puedes hablarlo con nadie, que todo mundo te da el avión, que ni siquiera se les ocurre que, tal vez, estás pasando por una crisis y necesitas un poco de apoyo y un par de cervezas.

Me miro al espejo. No sé si me veo bien para la fiesta. No por la fiesta en sí, sino porque es la primera vez que Javier me invita a algún lado desde que me enojé con él. Me gustaría que al verme se sintiera tan incómodo, tan tonto como me he sentido yo en los ensayos de las últimas semanas. Que sintiera ganas de estar conmigo, que me pidiera perdón… me gustaría contarle de la beca y que me abrazara y me pidiera que no me vaya porque me necesita. Pero eso me hace tan parecida a Peach que me doy asquito, y me pregunto para qué demonios podría necesitarme Javier, o en qué sentido me haría eso más feliz que irme a estudiar un año al Conservatorio de Moscú. -No mames que estás pensando en Javier -me interrumpe, como es su costumbre, Berenice. Trato de sonreírle pero quién sabe qué mueca me sale. Ella solo suspira. Por un instante pienso contarle ahora sí lo de la beca. Debería, ¿no? es lo que se acostumbra entre mejores amigas: contar los secretos y tal. Sin embargo, me da un poco de miedo que se ofenda porque no se lo dije desde el principio; además no tenemos tanto tiempo: son ya las ocho de la noche. Tendríamos que irnos en media hora si queremos llegar a casa de Xav antes de que dejen de pasar los micros. No le cuento nada. En vez de eso le cambio el tema (47-48)

DALINA
Y los adultos suelen creer que vivir es sólo tener privilegios y obligaciones. Pero ser joven es más complejo de lo que todos quisiéramos pensar.  Las hormonas se conjugan con los ideales y resulta verdaderamente un berenjenal andar por la vida sin red de protección. Con un carácter inestable de los mil demonios. Incluso, muchos jóvenes ni siquiera se aguantan a sí mismos. Y una de las principales causas de este infortunio es que la juventud es una etapa de crecimiento continuo donde se tiene que aprender a tomar decisiones. La vida de Atari se complica porque decidir por algo es renunciar a otra cosa, y los jóvenes están negados a la renuncia, no saben hacerlo, pero ¿sólo los jóvenes?, o realmente Ojos llenos de sombra nos plantea un dilema común a la naturaleza humana, a través de una voz narrativa en primera persona que logra ponernos en las botas y los estoperoles de Atari.

¿Realmente me preocupa que la vida vaya a ser así siempre? ¿Realmente quiero algo más? Con todo y lo rancio, esta vida es intensa y divertida. Otras personas se la pasan diciendo que es una vida sin salida, que no puede durar, que tendríamos que buscar algo distinto, pero ¿quiero hacerlo? Estaría en ese camino si me voy. Si aprovecho la beca, podría salir de aquí y a lo mejor no volver jamás. Pero ¿es eso lo que quiero? Si a esas vamos, la pregunta es: ¿qué quiero? De pronto me siento súper agusto con el desmadre, la banda y el montón de cosas extrañas que nos pasan. Pero a veces hasta a mí me parece demasiado: demasiado denso o demasiado patético, no sé (40).

MANU
La novela de Raquel Castro es oscura, pero esperanzadora. Nos revela, en el mejor estilo de las Bildungsroman, el dilema de Atari, que ocurre en un fin de semana que habrá de marcar un nuevo inicio en su vida. La autora, a través de sus palabras y la música del texto, nos deja ver la vida de la rata, como es llamada por sus hermanos. Nos damos cuenta, tanto Atari como nosotros, de que ya no es una niña pequeña, sino alguien que puede enfrentarse tanto a un gandul manolarga como a señoras histéricas a la vez que desarrolla una lucha interna que culmina con su despertar: a la vida, al sexo, a los amigos, al amor.
Me agarra otra vez del meñique y empieza a subir. Mientras vamos por la escalera pienso que lo del meñique, además de tierno, es muy práctico: aunque me suda la mano a chorros, él no tiene cómo darse cuenta.

No me imaginaba así la recámara de Javier: las paredes no están pintadas de negro ni llenas de posters de Joy Division o Depeche Mode. En cambio hay un librero tan lleno que hay libros en doble fila.
-No sabía que te gustaba leer –le digo.
-Hay muchas cosas que no sabes –responde mientras me abraza por la cintura y comienza a besarme. Se tira en la cama y caigo yo encima de él, todo sin que dejemos de besarnos ni un momento.
Pienso de nuevo en que es una suerte traer los calzones de Emily the Strange, y en que espero no quedar como una tonta, y en lo bien que besa cuando se toma su tiempo y me muerde el labio o cuando me hace cosquillas en el paladar con su lengua.
Pienso también que aunque estamos solos debería cerrar la puerta de la recámara, y que definitivamente algo va a cambiar entre nosotros en un rato. Espero, espero, espero que sea para bien (174).

DALINA
La intimidad, la narración ágil, cercana, la voz de Atari construyendo su mundo desde la mirada del lector son los recursos con que la autora edifica el pacto ficcional. La atmósfera repleta de símbolos y de música, sin caer en los estereotipos nos permite ubicar con precisión los referentes de un contexto sociocultural, pero que se dimensiona a través de la intensidad de sus acciones y diálogos, por ello es tan cercana a cualquiera, no sólo a los músicos, no sólo a los adolescentes oscuros... Con maestría, Raquel Castro nos lleva a sentir las emociones de Atari: sufrimos con ella, padecemos, vivimos una experiencia vicaria a través de las palabras. Los adultos podemos ser y sentirnos jóvenes desde su lectura, pero sobre todo, podemos acercarnos al mundo imperecedero y luminoso de la juventud.

Es extraño: ahora que recuerdo la última que me aplicó Javier siento como si hiciera años desde entonces. Mientras camino entre los puestos del tianguis donde hace un rato desayuné con Armando, me parece que han pasado siglos desde que estuvimos ahí. Es como si el tiempo avanzara más rápido cada vez, y aunque corra, solo a ratitos logro alcanzarlo. Hago cuentas y pienso en todo lo que pasó desde el concierto de Serrat hasta ahora: pasé la preselección para la beca, me hicieron un examen, lo olvidé para siempre y recibí la carta; luego de varias cancelaciones finalmente tocamos para el dichoso programa de tele por el que entré a la banda; Bere se embarazó, abortó, se peleó mil veces con el Italiano de Mierda, le puso el cuerno varias veces, la cachó una, cortaron y se reconciliarion; Mario empezó a trabajar en un centro de atención telefónica por darle gusto a Peach, lo dejó, y ahora parece que ella lo dejó a él. Es horrible. Pasan muchas, muchísimas cosas, pero siempre volvemos al mismo punto de partida. Seguimos en una burbuja: nosotros creemos que estamos en el mundo, pero el mundo es lo que pasa alrededor, donde los chavos cristianos embarazan a sus novias por orden de Dios y donde los chavos alternativos no oyen gótico desde principios de los noventa. Y a lo mejor esta ilusión de estar en el Londres de 1979 es reconfortante para Mario, pero yo ni había nacido entonces. Ahora que lo pienso, no he nacido todavía: no tengo vida propia. Soy rehén de un grupo de adolescentes eternos, entre los que hay que contar a mis propios padres. (136-140)

MANU

La historia de Atari es un concierto oscuro que no hay que perderse.

miércoles, 9 de octubre de 2013

The Cure

Ayer fue el concierto de The Cure. La verdad es que solo conocía un par de canciones de ellos, pero quedé más que asombrado ante la calidad musical de la banda, su espectáculo y de la duración del mismo. Fue un concierto que al que no esperaba asistir y que, sin duda, se quedará en mi memoria como uno de los mejores a los que he ido. No puedo decir mucho, solo que todo ha valido la pena. 

sábado, 5 de octubre de 2013

jueves, 3 de octubre de 2013

Ojos llenos de sombra

Estoy escribiendo un texto para presentar el libro Ojos llenos de sombra de Raquel Castro, así que aprovecho la oportunidad para publicar por acá una breve reseña que escribí para La Rocka pero que por alguna u otra razón no ha aparecido. En fin, aquí va: 

Hay pocas cosas tan gratificantes como tocar en una banda y abrirle a uno de tus grupos favoritos. Sí, tal vez sea un triunfo menor, pero no por ello deja de ser significativo. Por eso es que la frase inicial de Ojos llenos de sombra resulta tan impactante: “Si estás en el evento más importante del año y lo único que quieres es encerrarte al baño a llorar, tienes problemas”. Y bueno, ¿quién no se ha sentido así? Tal vez ese es el éxito de Raquel Castro, que con su primer libro ha logrado conquistar no sólo el Premio Gran Angular, uno de los más importantes de literatura juvenil, sino a montones de lectores. Claro, la escritora nos revela de inmediato a qué evento tan importante se refiere la protagonista: “hace apenas un rato mi banda abrió el concierto para cerca de dos mil personas y no solo no nos abuchearon, sino que nos pidieron más. Y además le estábamos abriendo a London After Midnight. ¡Acabamos de abrirle a London!”.

La persona “llorona e inestable”, como se describe a sí misma, es Atari, tecladista de El Lado Oscuro de la Luna, una banda gótica que poco a poco se abre camino en la escena subterránea. Hay que señalar que no es un nombre artístico. Se llama como la consola de videojuegos. Por supuesto, hay veces en que la vida se ensaña y, en el caso de Atari, le dio dos hermanos con nombres que por separado tal vez no llamarían la atención, pero no es este el caso. Atari y sus hermanos, Mario y Luis (también conocido como Luigi), son parte de una familia con más problemas que soluciones; como cereza del pastel está, por un lado, el padre, que se ha metido de lleno a una iglesia bastante peculiar, y por otro, la madre, que vive para los cosméticos de Mary Kay. Así, Atari creció bajo el cobijo de sus dos hermanos, que pronto hicieron de ella una especie de mascota a la que llenaron de mimos y música oscura.

Atari tiene un problema; debe elegir entre quedarse en México con sus amigos, en especial con uno que le alborota el corazón y la hormona, o irse becada a Rusia a estudiar clavecín. La historia de A, como todo mundo la llama, sucede a lo largo de un fin de semana que se suponía debía ser mágico y sólo se convirtió en una maraña de discusiones y problemas. Es en este contexto que debe enfrentar sus problemas, miedos y fantasmas y llegar a una decisión. Claro, uno pensaría que es algo muy sencillo (¿quién no quisiera salir de aquí?), pero la autora nos muestra el mundo de A: sus amigos, su familia, sus relaciones y, honestamente, no se le puede reprochar el titubeo.

La primera novela de Raquel Castro es amena, emocionante y, sobre todo, esperanzadora. Su narrativa no tiene pretensiones e incluso desmitifica esa imagen que el dark ha creado de sí mismo. No todo es terciopelo y vino tinto ni vampiros y condesas ensangrentadas; también hay espacio para la cerveza, para jugar a los novios, para subirse al pesero y para ponerse apodos. Castro deja atrás ese halo de misticismo y nos muestra que lo único que nos hace diferentes de Atari (y ni tanto) es la música que escuchamos. ¿Es literatura juvenil? Sí y no. Ciertamente será más disfrutable para aquellos que estén pasando esa etapa tan dura que es la adolescencia; sin embargo, lo que hace la autora no necesita adjetivos: es literatura, tan simple y llano como eso. Ojos llenos de sombra es una historia honesta y fresca que logra que el lector se encariñe con Atari, odie a uno que otro personaje y llore las penas de Mario y Luigi. Es una novela que, como las mejores obras musicales, va in crescendo y culmina con la liberación de las pasiones.

domingo, 29 de septiembre de 2013

Biblionautas

No puedo revelar mucho, pero Biblionautas está creciendo. Lo que sigue es un paso bastante grande, pero que valdrá la pena. Estoy seguro de eso. También estoy seguro de que no será nada sencillo y que, probablemente, querremos arrancarnos las cabezas un par de veces, pero al final todo saldrá bien. Por lo pronto, puedo decir que en octubre tendremos la visita de Raquel Castro, autora de Ojos llenos de sombra, que no solo es su primera novela, sino que además ganó el premio Gran Angular de literatura juvenil en 2012. Biblionautas está en buena forma. Sus miembros están, estamos, comprometidos y esto apenas se empieza a poner bueno.  

jueves, 26 de septiembre de 2013

Vocalizar - Día 3

Jueves 26 de septiembre, Secundaria #3 Prof. Efraín Díaz de la Garza, 1ero de secundaria (7:30-9:30): Acudí acompañado de Gabriel Contreras y Daniela Saucedo. Los profesores y alumnos, así como los directivos, se mostraron muy contentos de recibirnos. En esta ocasión todos nos dirigimos a grupos de primero de secundaria. Leí “El mago”, un cuento de mi autoría y la recepción fue buena. Al final los niños comentaron que sintieron un poco de miedo, pero se mostraron interesados en la historia e incluso preguntaron en dónde se podía conseguir. Al final se repartieron libretas, lápices y libros a los casi 40 alumnos que conformaban el grupo. 

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Vocalizar - Día 2

Miércoles 25 de septiembre, Secundaria Centenario de la Constitución, 3ero de secundaria (7:30-9:30): Asistí acompañado de Gabriel Contreras y Daniela Saucedo. Antes de partir nos dimos cuenta de que no contábamos con las antologías y que los guardias de la Casa de la Cultura señalaron desconocer su paradero. En la secundaria se nos recibió con mucho gusto, tanto los directivos como los maestros y alumnos se mostraron cooperativos y con buena disposición a las actividades realizadas. Tuve la oportunidad de leer dos textos de Ricardo Martínez Cantú. Al final se repartieron libretas y 3 libros.