sábado, 9 de noviembre de 2013

Final Fantasy VII

El primer Final Fantasy que jugué fue el VII, fue en 1997, en un lugar llamado Club Nintendo en Cd. Victoria, lo jugué en un Playstation de aquellos años y recuerdo que no pasé del primer jefe, pero quedé encantado con el juego. Era lo máximo, así que lo quería. Se lo pedí a Santa Clos, que nomás no supo dar con él, así que se lo pedí a los Reyes Magos, que sí lograron conseguirlo. Final Fantasy VII para computadora en 1998. Uff. Lo mejor del mundo. Ahora, muchos años después, sigo disfrutándolo, sigo jugando y aún no lo he podido terminar. La primera vez vendí el juego. La segunda logré avanzar mucho, pero había problemas con el disco así que no pude seguir. La tercera logré conseguir un parche para avanzar en el juego y llegué hasta el final, pero la computadora se descompuso y ya no terminé. Ahora, la cuarta vez, me dispongo a terminarlo, pero en grande, con todos los logros conseguidos y de manera épica. Escribo esto como el niño de 1997 que se emocionó´con aquel videojuego.

Escribo esto mientras saco mi tarjeta de crédito para ordenar esto otro:

http://www.ebay.com/itm/Final-Fantasy-7-Collectible-Edition-Action-Figures-/221315785396?pt=US_Action_Figures&hash=item338772e2b4

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Dos directores de cine de horror en el torito sinaloense

Primer día de trabajo en el Festival Penumbra. Me tocó acompañar a los organizadores y a dos directores de cine a cenar. Fuimos al Torito Sinaloense para mostrarles un poco de nuestra cultura... o algo así. Los directores eran Chad Crawford Kinkle y Eric England, directores de Jug Face y Contracted, dos películas que se mostrarían en el festival. Tomamos cervezas y tequila y comimos mariscos. La cena fue todo un éxito y al final todo mundo salió bien contento, ya veremos qué tal se pone el resto del festival. 

domingo, 3 de noviembre de 2013

Biblionautas en la Casa del Libro

Hoy fue la primera sesión de Biblionautas en la Casa del Libro de la UANL. Estuvo dedicada al terror, pero a la mera hora, no fue tan espeluznante. Leímos "En donde viven los monstruos" de Maurice Sendak y los niños hicieron calcetíteres de miedo. Espero que el próximo domingo, que toca una sesión de Sor Juana, el resultado sea igual o mejor. No saben cuánto me divierto con Biblionautas. 

viernes, 1 de noviembre de 2013

Caronte

Para Halloween hice un pequeño regalo a mis amigos de Biblionautas y a la gente que de un modo u otro ha compartido el viaje.

http://issuu.com/manugomez7/docs/caronte

miércoles, 30 de octubre de 2013

Cumpleaños de mi papá

¿Por dónde empezar? No lo sé, la verdad es que yo nunca pasé por una fase en la que odiara a mis padres o algo por el estilo, nunca fui tan adolescente. Siempre los he querido mucho, muchísimo. Bueno, es que tanto mi papá como mi mamá son lo mejor del mundo. Mi mamá siempre dispuesta a apoyarme en todo lo que haga, ya sea pensar en dejar mi trabajo, y mi papá, siempre con libros, cómics, conciertos y consejos sabios. Hoy cumple años mi jefe. 55 años. Creo que si tuviera que ejemplificar cómo veo a mi papá, pondría una foto de Mufasa. Y vaya, quisiera escribir más, pero creo que todo me lo guardaré para mí. Sólo puedo decir: felicidades, papá. 

martes, 29 de octubre de 2013

Yamasan Ramen House

Día con día me vuelvo un cliente más asiduo de este negocio en la Plaza Tanarah de San Pedro, Nuevo León. Los platillos son deliciosos y, sin duda, te dejan con ganas de volver por más. A estas alturas ya conozco a la mesera que usualmente me atiende y el chef ya me dio su tarjeta de presentación. Los precios no son los más baratos del mundo, pero vaya que vale la pena pagar un poco más por semejante manjar.

sábado, 26 de octubre de 2013

El regreso de Fantomas, la amenaza elegante


Hace muchos años, cuando era niño, mi papá solía ir a la revistería y, al regresar, decía “aquí dejo esto, pero no lo vayan a leer porque es porno”. Obviamente, lo primero que hacía yo era correr por el texto en cuestión. Y no, no era porno. Digo, al menos la mayoría de las veces. Era el cómic de “Fantomas” en la versión de Editorial Vid; es decir, me tocó crecer leyendo los argumentos de Hilda Zacour y no los de Sotero Garciarreyes, que son los que recuerda mi papá, o Gonzalo Martré, que fue responsable de las incontables referencias literarias y artísticas que hicieran tan diferente al personaje creado por Rubén Lara.

Muchos años después, en Zacatecas, tuve la oportunidad de estrenarme en el mundo de los congresos literarios con una ponencia sobre Fantomas. En general fue bien recibida y hasta conseguí el mail de una muchacha guapa. Éxito total, diría yo. Al poco tiempo, pude presentar la misma ponencia, corregida y aumentada, en Buenos Aires, Argentina. Una vez más, el público mostró interés en el cómic. Estas dos anécdotas deberán servir para darles una idea de cuánto me emocioné cuando escuché que se publicaría un nuevo libro sobre mi héroe de la infancia, aquel que guarda un sitio en mi memoria junto con Mafalda y Calvin & Hobbes como las lecturas que definieron mi forma de ver el mundo.

Encargué a una amiga un ejemplar del libro; por supuesto, no pudo conseguirlo. Yo no contaba con que mi papá, como hace muchos años, sí logró que le trajeran uno. La historia se repetía y las aventuras de la amenaza elegante eran llevadas a casa por mi señor padre, así que, en honor a este momento nietzscheano hice lo mismo que cuando era niño; es decir, me apoderé del libro antes de que otra persona lo agarrara; por desgracia, la lectura resultó decepcionante. Gonzalo Martré, otrora escritor de la serie, tomaba de nuevo la pluma para darle vida al personaje, pero más que resucitarlo, pareciera que lo convirtió en una especie de zombi. Un muerto viviente sin ánima alguna.

“El regreso de Fantomas, la amenaza elegante” es un texto agridulce, por así decirlo. Encontramos todos los elementos que hicieran tan maravilloso al personaje: ciencia ficción, literatura, arte, aforismos, lucha social y compromiso con los desamparados. Ahí estaba, la mezcla exacta de James Bond y Robin Hood; no obstante, también hizo presencia la amargura del escritor, que intentó realizar una especie de sátira que no pasó de  un mal chiste. Una broma que se gasta muy pronto y que fastidia al lector pues entorpece lo que, de otro modo, podría haber sido un buen texto. No sé qué pretendía Martré con episodios en donde Fantomas pasa al baño, sin duda uno de los momentos más lamentables del libro, por no mencionar que incluso usa la frase “donde el rey va solo” para referirse al sanitario. Así es, la amenaza pierde lo elegante y se come unos tacos de suadero que le provocan un malestar estomacal de tal magnitud que, al parecer, es digno de aparecer en la historia.

Pero no termina ahí. Martré también habla de la vida sexual de Fantomas, de cómo el Profesor Semo, figura paterna del protagonista, crea una superviagra y una especie de espermicida que es usado con las bellas asistentes quienes, además, son sodomizadas de vez en cuando, de acuerdo al autor, que parece bastante resentido por no formar parte del canon literario, pues no pierde la oportunidad de hablar de “ese grupo de escritores heterodoxos postergados perversamente por las mafias literarias, los críticos aburguesados, los editores ignorantes y los libreros fenicios”.


Correré con el riesgo de pertenecer a este grupo y diré que el libro de Martré y su versión de Fantomas no son sino un chiste de mal gusto y una vulgaridad que pasan con pena por las manos del lector, quien se hará un favor entre más pronto olvide este texto y corra a sus librerías de viejo a buscar aquellos cómics que dieran vida al legendario ladrón francés.